jueves, 20 de mayo de 2021

Hola, Regina.

Hoy estás cumpliendo 20 años, han pasado casi 5 años desde que escribí esto.
Léeme bien, ¿qué notas? ¿en qué has cambiado? ¿eres muy diferente de lo que encuentras en este insignificante blog?
Sinceramente, deseo que estés muy bien, y si no lo estás déjame decirte que es una verdadera lástima. Nada me haría más feliz que saber que en el futuro eres feliz.
Quisiera saber si aún te desagradan los niños, si sigues siendo atea, si has engordado o has llegado a
tu meta de peso, si aún tienes acné, si eres capaz de pararte de manos.
Eso es importante para mí ¿puedes pararte de manos? Si la respuesta es sí ¡hazlo ahora! y piensa en lo mucho que sufrías todas las tardes mientras intentabas conseguirlo, eso sí que fue un reto, el dolor en el estómago, el temblor de los brazos, y aún as

jueves, 6 de julio de 2017

Nadie más. Nunca más.

No volverá a pasar. No encontrarás jamás a nadie como yo.
Siempre he sido diferente de los demás, de hombres y mujeres, da lo mismo. Las mujeres que no encajan entre las otras mujeres son normalmente más masculinas ¿verdad? Ellas se identifican mejor con los hombres, pero yo no soy así. Yo no me identifico con nada ni con nadie.
Suelo pensar que parezco un robot, por mi falta de emociones. Pero siendo sincera, yo sí tengo emociones, aunque quizás no tantas como las demás personas ni hacia las mismas cosas. A diferencia de las demás personas, yo no siento amor, mi tristeza no tiene sentido y mi odio se centra en la vida misma. Nada en mí tiene mucho sentido en realidad, soy bastante errática incluso para mí misma. Mi apatía no hace más que crecer con el paso de los años, mis emociones fallan mientras más crezco, no me reparo, sino que me acostumbro.
Cuando sea una adulta ¿habré terminado mi metamorfosis? ¿seré realmente una máquina de frío metal que no sabe sentir? ¿qué será de mi vida cuando eso pase?

Mas que un robot, podríamos decir que soy un alienígena. ¿Pudo una criatura como yo haber salido del planeta Tierra? ¿Entre 7 billones de personas, soy la única con estas características tan extrañas?
Aunque piense que tengo alguna enfermedad mental, el internet no tiene un nombre para esto. Soy rara incluso entre quienes son raros, soy totalmente única, estoy completamente sola.
Incluso cuando me siento cómoda con alguien sigo sintiendo ganas de huir. Yo nunca encajo, nunca funciono, nunca estoy bien. He pasado toda mi vida intentándolo, pero es inútil. Ha pasado un tiempo desde que dejé de esforzarme, yo sé que no soy de este mundo y no puedo pretender juntarme con la gente y comprenderlos, es imposible. Me molesta haberme dado cuenta tan tarde, porque gasté mucho tiempo y energía con la gente. Mi valioso tiempo que posiblemente está muy limitado.
¿Por qué debería permanecer aquí más tiempo? No pertenezco a este planeta, no me gustan sus habitantes y su atmósfera me hace daño, ¿habrá alguna manera de salir de aquí?
No la hay. Estoy atrapada aquí y no saldré ni siquiera tras la muerte.
Yo te digo desde ahora que estoy sola porque irradio toxicidad, nadie quiere estar conmigo porque yo misma me encargo de hacer que todos me odien. Soy veneno, un veneno dulce que luce como agua. La gente sabe que soy extraña pero nunca nadie estará ni siquiera cerca de averiguar qué tanto lo soy. Ya ves, soy buena ocultando algunas cosas.

Escúchame cuando te digo que nunca encontrarás a nadie como yo.

jueves, 15 de junio de 2017

¿Una niña normal?

Yo siempre me había preguntado por qué nadie me gustaba, ¿cuál era el problema?
Recuerdo una conversación que tuve con mi padre cuando era pequeña, no debía tener más de 8 años cuándo le pregunté cuándo podríamos tener novio, y ahora evidentemente no recuerdo bien si yo deseaba tener uno o si simplemente quería saber la opinión de mi padre. Él se rió y me dijo que lo más importante debía ser la escuela. Yo sabía que de la escuela se salía a los 18 años, ni siquiera contaba con la posibilidad de que existiera la universidad, y lo único que dije fue "entonces tendré mi primer novio a los 18 años". De nuevo mi padre se rió y me dijo que no creía que fuese a pasar tanto tiempo, yo no veía motivo para que ocurriera antes.
Ahora mismo tengo 16 años y nunca he tenido un novio. No debería sonar para mí tan extraño, ya que mi plan inicial era esperar hasta los 18 años para tener mi primer novio, pero todos los que me rodean parecen muy extrañados con mi falta de interés. Mi madre lleva diciendo que soy lesbiana desde que tenía más o menos 10 años, oírlo de ella no me extraña y después de un tiempo ni siquiera me duele, pues antes solía tomármelo como una ofensa. Pero más gente ha insinuado que soy lesbiana desde entonces. ¿Qué les lleva a pensar de esa forma? Digo, yo soy consciente de que nunca he mostrado ni el más mínimo interés en ningún hombre pero estoy segura de que tampoco lo he mostrado hacia ninguna mujer, así que ¿de dónde ha salido esa extraña conjetura?

Estando en primero de preparatoria me planteé más seriamente si había algo mal en mí, me pregunté si alguna parte de mí estaría averiada y ese fuera el motivo por el cual no soy capaz de sentir amor por nadie. En un principio, después de revolver el internet en busca de una respuesta a mis dudas encontré una curiosa palabra: arromántica. Me sonaba convincente, describía bien lo que yo era, una persona que no siente atracción romántica por nadie.

Pero ahora me doy cuenta de que mi falta de amor no se reduce simplemente a las relaciones, lo cual plantea un nuevo problema para mí.
Después de la muerte de mi tía me di cuenta de lo monstruosa que mi presencia resultaba entre los dolientes, pues en ningún momento derramé ni una sola lágrima, estuve calmada y hasta un tanto molesta por la gran cantidad de inconvenientes que la muerte de una persona me traía a mí personalmente, como por ejemplo, no poder ir a la escuela para asistir al funeral o tener que asistir a las misas aún siendo atea. Traté de librarme de la absurda responsabilidad de quedarme a velar el cuerpo inerte de una persona, un cuerpo que por dentro ya se había comenzado a podrir.
Unos meses antes de la muerte de mi tía un gatito de menos de un mes de edad se había muerto a pesar de mis esfuerzos por hacerle sobrevivir después de ser abandonado por su madre. Lloré por el gatito y sufrí por el, mucho más de lo que me parece que sufriría por cualquier persona en el mundo.
Me di cuenta de lo mucho que adoraba a mi gatito Momo y de lo genuinamente triste que me hacía la simple idea de que algo malo le pasara y simultáneamente caí en la cuenta de que la falta de afecto se limitaba exclusivamente a los humanos, más específicamente a aquellos que tienen alguna relación conmigo.

Me dediqué a escarbar en mis recuerdos en busca de una explicación para este problema, ya que el internet me había fallado en esta ocasión. Me remonté hacia mi turbulenta niñez, llena de dolores innecesarios, ofensas, gritos, golpes, demandas y peleas. Me encontré con mi diario de los 11 años, en donde me proponía quedarme sin sentimientos y en mi mente aterrizó algo borroso el recuerdo de una yo mucho más joven pensado que "si nunca me hago cercana a nadie, su partida no me hará ningún daño".
A una edad muy temprana ya había comprendido que las cosas se acaban, y mucho más rápido de lo que la gente admite, yo sólo me estaba preparando para las partidas. ¿Estaba rota desde entonces? Yo no creo que fuese así de fácil, yo solía ser una niña muy emocional, una llorona.

A los 12 años suele comenzar la adolescencia, ¿no es verdad? Pues a esa edad las cosas comenzaron a cambiar. En primero se secundaria hice quizás dos amigos, de los cuales hoy no conservo ninguno, a todos los perdí de formas legítimamente penosas. ¿Podría ser que estoy tan preparada para perder a la gente que yo misma me encargo de perderlos?
A los 12 años me volví extrañamente inteligente, siempre lo había sido, pero moderadamente. Gradualmente desde mi cumpleaños muchas cosas que se me complicaban comenzaron a tener sentido, algo como una revolución intelectual se libraba dentro de mi cerebro. Es por eso que cuando entré a la secundaria fui inmediatamente la mejor del salón, puesto que he mantenido hasta el día de hoy.
¿Lo hago a propósito? En un principio sí, pero hoy estoy convencida de que las calificaciones no tienen ningún valor, y si sigo manteniendo el mismo nivel es porque sinceramente no tengo nada que hacer aparte de la tarea.
No tengo ninguna pretensión, ninguna ambición, no soy en absoluto materialista, no tengo interés en los deportes ni en las relaciones sociales, mucho menos amorosas. ¿Ves? No tengo nada que hacer, soy una caja vacía.

¿El gran incremento de mi astucia se halla de alguna forma ligado a la pérdida de sentimientos? ¿La adolecencia, la inteligencia y los sentimientos están de alguna forma relacionados? Mi única salida por el momento es pensar que sí, pues de otra forma tendría que sumergirme en las turbulentas aguas de la psicología y por supuesto, atenerme a la despreciable posibilidad de tener algún tipo de trastorno mental. Depresión, fobia social, autismo, narcisismo, asperger, ya los he visto en mi investigación, ninguno me gusta, aunque supongo que así debe de ser. Aunque la depresión me suene la más posible, ¿No es la gente con depresión capaz de amar a pesar de todo? Tener depresión explicaría algunas cosas, pero ni de chiste podría explicarlo todo.

Me he planteado la posibilidad de ir con un psicólogo, creo que podría ser de ayuda al menos para saber qué se supone que tengo. Tengo muchas preguntas, muchas no las puede responder el internet, a pesar de buscar en dos idiomas. ¿Una persona podrá responderlas? Para eso han estudiado ¿no es así?

Desde que entré a la preparatoria mis problema con las emociones y las relaciones se ha hecho mil veces más evidente, en un año entero no hice ni un sólo amigo, probablemente no dije más de 1000 palabras y comencé a odiar a los adolescentes. Uno podrá decir "Eres una adolescente, ¿Cómo puedes odiar a los adolescentes?", yo sólo podría explicarme de una sola forma: no me siento como una. Al principio pensé que todo se reducía a lo mucho que detestaba el ruido y lo mucho que a los adolescentes les gustaba hacer ruido. Todo es drama, exageración, peleas, ruido, amor, en ocasiones sexo, alcohol, cigarros y hasta droga. Una persona tan vacía y lejana a todo como yo simplemente no encaja en ese ambiente y ser obligada a estar entre ellos simplemente me saca de quicio. Al comenzar la preparatoria, durante los primeros tres meses, lloraba constantemente cuando llegaba a mi casa, siempre a solas, porque odio llorar. Lloraba por lo mucho que odiaba el ambiente desastroso en el que había sido metida y por todos los medios he tratado de hallar una escuela donde todos estén callados, porque yo simplemente no me sentía capaz de soportarlo.
Eso me llama la atención, porque hasta segundo de tercero de secundaria yo soportaba muy bien el ruido y los dramas sin sentido de mis compañeros. Yo siempre he sido callada, pero cuando hablaba lo hacía bastante, tenía mucho para decir y en general, el ruido para mí no representaba un problema. Pero desde que comenzó la preparatoria mi voz no se ha vuelto a escuchar en la escuela y mi aversión hacia el ruido ha llegado a un nivel que probablemente no es sano.
Ahora, después de pensarlo por un rato, puedo decir que mi odio estaba erróneamente dirigido hacia los adolescentes, porque lo que realmente odio son las actitudes que generalmente se relacionan con ellos y que ahora sé que tendré que encontrarme a donde quiera que vaya, tenga la edad que tenga.
Las cosas han vuelto a cambiar justo como lo hicieron hace 4 años, pero esta vez no me estoy volviendo más inteligente, sino mucho más inapta para pertenecer a este mundo.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Me estoy derrumbando

Llevo ya casi 2 años destruyéndome a mí misma, pero ahora luce más real que nunca.

No recuerdo en dónde escuché que la gente que pasa mucho tiempo pensando en el suicidio tiene un problema mental, y es que a este nivel no tengo dudas acerca de estar completamente loca.
Necesito decir todo lo que me duele, todo lo que me está cortando por dentro, todo lo que parece estar a un segundo de borrarme del mapa.

Nací en el año 2001, cuando mi madre tenía 37 años y mi padre 40. Mi padre es camionero, mi madre no es ama de casa. Tengo una hermana mayor que yo, muy hermosa, pero muy estúpida.
Mi madre es la única de cuatro hermanos que tuvo hijos, porque todos mis tíos son homosexuales y mi madre los odia por eso y por muchas cosas más. Ella viene de una familia podrida, descendiente de mujeres con problemas mentales reales, trastornos obsesivos compulsivos, depresión, neurosis. Una familia donde la educación significaba martillarle los dedos a los niños, se trataba de mandar a tu hijo a dormir con los perros, de sacarlo de la escuela a los 9 años y ponerlo a trabajar de sirviente, estamos hablando de esa clase de problemas mentales. Mi abuela engañó a mi abuelo con un hombre a quien amaba muchísimo, mi abuelo engañó a mi abuela con una mujer mucho más joven que él. Se engañaron entre sí y mi madre siempre sufrió la fama que su madre tenía. El amante de mi abuela murió en casa de ella y dejó en ella un trauma que no estoy segura de que haya superado alguna vez en su vida. Ciertamente era una víbora, pero de esa hermosa y sádica mujer hoy no queda más que una pequeña anciana de piel muy pálida y ojos eternamente tristes.
Mi madre cuenta que de joven solía ser muy inteligente, exentaba todas las materias relacionadas con letras y ciencias sociales, con todo el trabajo de su extraña familia llegó a pertenecer a la clase alta, se sentía orgullosa de su llamativo cuerpo y de su ascendencia árabe. Ahora mismo me parece excesivamente triste. Con sus excelentes calificaciones no le fue difícil comenzar a estudiar derecho, pero por algún motivo que aun desconozco nunca terminó la carrera, y no pudo más que resignarse a vivir del sueldo de la persona con la que se casara.
Mi padre es un hombre de pueblo, que tuvo una infancia relativamente feliz. Es el mayor de los hombres de su familia, que alguna vez estuvo conformada por 12 personas. Su padre era un alcohólico que estropeaba a su madre cuando le era posible. Terminó la preparatoria técnica y comenzó a estudiar para ingeniero, pero la situación de su familia le obligó a asumir su papel de el hombre mayor de la familia mucho antes de lo que debería. Su padre, el alcohólico, nunca estaba en condiciones de llevar dinero a la casa, y en la familia habían niños aun muy pequeños que necesitaban de cuidado y por supuesto, dinero. Adiós a la ingeniería y hola al camión.
Con rabia brama mi madre durante sus ataques de loca que mi padre planeaba quedarse con su dinero -a pesar de que ella por sí misma no tenía un trabajo o dinero- que él la engañó haciéndole creer que tenía una casa y un camión propios, ella quería salir de casa de su madre, la loca a la que ya no podía soportar más, después de 36 años de vivir con ella y ser testigo de sus problemas mentales.
Se conocieron, después de 6 meses se casaron y al año tuvieron a mi hermosa hermana mayor. Fue la primera y fue muy amada, nació y vivió su primer año de vida en la bella y enorme casa de mi abuela, sin muchas carencias, pero en medio de insoportables conflictos.
Y entonces, después de un año de infierno en la casa gigante, nací yo, la inusual niña trigueña que no parecía haber sido muy planeada. No hubo mucho amor para mí al parecer, porque cuando cumplí un mes de vida mi abuela nos sacó a todos de su casa con una escoba.
Mi padre sí tenía una casa grande y antigua, herencia de su abuela. Era la casa donde vivía en ese entonces la enorme y alegre familia de mi padre. Mi madre odiaba demasiado la alegría y la actitud humilde de esa familia masiva. Dice constantemente que esta casa era un muladar, que había ropa, basura, comida y zapatos tirados por todos lados; los niños de la familia eran escandalosos e irrespetuosos; aún vivía mi abuelo paterno vicioso y a mí madre parecía asquearle sinceramente. Es cierto, teníamos un lugar para vivir, pero mi madre no hacía más que quejarse de lo asqueroso que le parecía el lugar, de la escasez, de las supuestas faltas de respeto que nunca sabré si fueron o no reales, porque si hay algo que sé de mi madre es que le encanta ofenderse con cualquier gesto o palabra que perciba en quienes le rodean. Al final, los cuatro nos mudamos a una pequeña casita rentada a la vuelta de la casa de mi padre, llena a reventar de pulgas, ciempiés y muchas otras alimañas.
Después de algún tiempo, mi madre se hartó de esa vida y exigió que la familia de mi padre se saliera de su casa para que nosotros pudiéramos habitarla. Ellos la odiaron, ella los odió.
Mis abuelos paternos murieron mucho antes de que yo tuviera consciencia de mi propia existencia, mi único tío materno se mudó con su pareja a la Ciudad de México a vivir en el lujo que le permitía su trabajo como contador público cuando yo era aún muy pequeña, y hasta hace dos meses, lo único que recordaba de él era su cara barbuda y su cabello negro, lo tenía pintado como un hombre de veinte años y enormes ojos cafés, hasta que volvió hace dos meses, habiendo cortado con su pareja, perdido su trabajo, vendido sus muebles y su casa en Acapulco. Mis tías son ambas lesbianas y yo nunca en mi vida me enteré de que ese era el motivo por el cual yo no tenía primos y tampoco los tendría, no conocía esa palabra, tampoco necesitaba conocerla en aquél entonces.                             
Como mi madre odia a toda la familia de mi padre, yo no conozco a la mayor parte de mis primos paternos, ni siquiera sé sus nombres, aunque sé que muchos son drogadictos. El último encuentro que tuve con uno de mis primos fue en la cena de año nuevo del 2015. Planeaba sentarme a cenar mientras veía los fuegos artificiales, pero mi hermana me obligó a usar tacones de 10 cm, cuando yo tengo problemas para caminar con los pequeños tacones de 5 cm de mis zapatos escolares. Al primer paso mi pie se dobló y me dejó pensando que me había roto el pie, pero como no era así nadie le dio mucha importancia al asunto, ni siquiera yo. Al llegar a la casa de los tíos con los que pasaría la navidad noté en seguida que mi primo estaba por lo menos drogado. No decía cosas muy coherentes, se le veía alegre, pero con una alegría enigmática, con una expresión que no soy capaz de describir. Sus pasos y sus movimientos eran torpes, olía a alcohol. Con mucho trabajo, gracias a mi pie torcido, me levanté de la mesa y salí a sentarme sobre el auto de mi padre, y el hombre vino conmigo. Se le veía delirante e insistía demasiado en cargarme para llevarme a algún lado. Tenía algo de miedo, y mi madre lo notó, mi padre también. A las doce de la noche se abrió la típica botella de champán, el cual mis tíos compraron sabor durazno, yo le di un traguito, y mi primo se tomó una buena parte. Se metió a su habitación y cuando salió lo hizo sin camisa, más errático que antes de entrar y con el pecho lleno de rasguños recientes. Fue en ese momento cuando exageré mucho el dolor de mi pie, comencé a decir de forma muy convincente que estaba segura de que estaba roto y mi madre entendió el mensaje, porque antes de la una estábamos de vuelta en casa, y fue entonces cuando juré que no volvería ni siquiera a intentar conocer a la familia de mi padre.
Ya que nunca conocí a mis primos paternos y no tenía siquiera esperanzas de tener primos maternos, las únicas personas con las que pude tratar fueron mi hermana, mi madre y mi padre.
Mi padre trabajaba desde las 4 AM hasta las 3 PM y de 5 PM a 10 PM, por lo tanto, en realidad sólo podía trata con mi madre y con mi madre. Creo que es necesario aclarar de nuevo que mi madre tiene depresión, ansiedad y neurosis.
Comencé a ir a la "escuela" a los dos años, porque mi madre odia a los niños y en realidad no me soportaba demasiado. Siempre se negó a conducir, y nunca sabré por qué, mi padre le compró una camioneta automática para facilitarle llevarnos a la escuela y hacer las compras, pero ella simplemente se negó a utilizarla, lo cual no fue impedimento para que gastara una vida gritándole a mi padre que era un desgraciado porque no la llevaba a comprar ni nos iba a buscar a la escuela. Cuando tuve suficiente edad para notar lo absurdo que era tener un auto automático y no usarlo para manejar 8 cuadras a la escuela no dudé en proponerle que lo manejara, porque no sólo nos facilitaría la vida a nosotras, sino a ella también. Siempre que le proponía aquello ella me gritaba que era una grosera y que no le daba la gana de hacerlo, que no lo haría sólo por nosotras.
En cualquier caso, como mi padre trabajaba todo el día no nos podía llevar a la escuela y como mi madre estaba loca y no quería usar el auto nunca pude aspirar a una escuela que se encontrara a más de un kilometro de casa, si no quería acabar con la espalda destrozada por la mochila. Sé que no debería quejarme de haber caminado a la escuela desde los 2 años, no me quejo precisamente de eso, me quejo más bien de que mi madre no quisiera hacer ni el más mínimo esfuerzo por hacernos la vida más sencilla a mi hermana y a mí.
Desde muy pequeña demostré mi talento en el dibujo y las letras, los maestros halagaban constantemente mi creatividad e "inteligencia", a todos parecía gustarles esos rasgos míos, excepto a mi madre, que se limitaba a una que otra felicitación cada año. Mi hermana por su lado fue un desastre en la escuela desde el kínder, y gracias a ella y a mi madre, acabé cursando el kínder y la primaria en 9 escuelas diferentes. A veces no pasaba más de 6 meses en una escuela, nunca pude hacer amigos, al menos no amigos duraderos, al día de hoy estoy segura que los cientos de personas que viven en mi memoria no tienen ni el mas pequeño recuerdo de mí.
Era buena en muchas cosas, aprendí a manejar bicicleta sin ayuda a los 5 años, me encantaba cantar, amaba dibujar, me gustaba leer, era una bomba de creatividad y siempre deseé aprender a tocar el piano y bailar ballet. Pero mi madre nunca me dejó tomar clases extraescolares de nada, fui a ballet con mi hermana durante dos meses cuando tenía 9 años y lo único que logré fue hacer un squash, era suficiente. Como mi hermana era una terrible estudiante mi madre optó por sacarnos a ambas de ballet y meternos a asesorías, porque por nada del mundo podría mi madre hacer el enorme esfuerzo de llevarme a mí a ballet y a mi hermana a asesorías, si se iba una, se iba la otra, eso estaba claro.
Y así fue como me obligaron a dejar de hacer algo que me gustaba, una vez más.
Fue a los 10 años cuando mi madre notó que yo era legítimamente espantosa, y no tuvo mucho problema en hacérmelo saber. Cada que se presentaba la ocasión me decía que estaba gorda y no me sabía vestir, atribuía mi apariencia desalineada a que era lesbiana. No sabía que significaba, tenía sólo 10 años.
A los 11 años comencé a tener plena consciencia de mi tristeza, comencé a sentirla, e entender que estaba en mí. Comencé mi diario, donde escribía llorando todo lo que me dolía.
Mi madre y mi hermana continuaron atormentándome con mi apariencia, por las mañanas mientras caminaba hacia la escuela, durante la cena, cuando me trataba de vestir para ir a misa los domingos. Desde los 9 años me volví notablemente más alta que mi hermana, y era evidente que no podíamos usar ambas la misma ropa, pero mi madre se empeñaba en que era yo la que no quería usar la ropa por puro mal gusto.
A los 11 años yo medía 1.52 y pesaba 56 kilos, estaba pasada de peso, pero no era obesa. Sin embargo, mi hermana me llamaba cerda y vaca, mi madre me decía que tenía una espalda inmensa y que me veía igualita a las hermanas de mi padre, esas que ella tanto detestaba.
Un día salió el tema de que no me sabía vestir bien, o no tan bien como mi hermana, así que mi madre, furiosa nos llevó a las dos a buscarme ropa en nuestro ropero. Había mucha ropa, es cierto, siempre hemos tenido mucha ropa, pero ninguna me quedaba a mí, porque había sido comprada por y para mi hermana. Sacó un pantalón que a simple vista se podía deducir que no me quedaba, me gritó que me lo probara y yo sólo lloraba mientras le decía "no me queda" y señalaba el enorme trecho que faltaba para que el pantalón cerrara. Tomó un cinturón y me pegó, por estar gorda.
Esa fue la gota que colmó el vaso. Muchas veces había pensado en ello, dejaría de comer, era lo obvio.
Y fue así como empecé a regalar mi desayuno en la escuela, a dejar la cena y a matarme a hacer cardio en el baño de mi casa. Comencé con las dietas peligrosas, no más de 300 kcal al día, me moría de hambre pero sonreía cuando veía mi estómago volviéndose más pequeño, me estaba convirtiendo en lo que mi madre quería, o eso creía. Entonces comenzaron a quedarme los pantalones que mi hermana compraba.
Ahora ya no era llamada "cerda", ahora era la "piernas de calavera", la "cara de chivo". En ese momento comprendí que sin importar lo que hiciera, yo sería para mi madre un artículo fallado. Mis calificaciones eran excelentes, nunca le pedía comida, ropa, zapatos o tecnología, pero era la peor hija del mundo.
Recuerdo cuando me obligaba a usar ropa que no me gustaba. Un día compró en un bazar un vestido azul con escote que me quedaba terriblemente mal y unos zapatos de tacón rojos que no me calzaban bien. Yo salí con un blusón y unos pantalones, ella se enfureció. Me obligó a ponerme el vestido y los tacones, no podía caminar ni un paso con ellos y no paraba de llorar. Decía que era una víbora porque no quería dejar que me peinara y maquillara, tenía 11 años, no me quería maquillar. Me peinaba con rabia y me dolía, cuando me quejaba me pegaba con el peine. Me embarró polvo en la cara, labial rosa en la boca  y me puso sobra en los ojos de mala gana. Me miré al espejo y me sentí tan horrible que comencé a llorar y a quitarme el maquillaje, lo cual resultó en más odio y acusaciones de ser malvada por su parte.
Pasó el tiempo y entré a la secundaria, sabiendo que era espantosa, que lo sería sin importar lo que hiciera, ya ni siquiera hacía el intento por vestirme bien.
En la secundaria conocí a Claudia, a quien consideré mi mejor amiga durante un año, hasta que a inicios del 2015 consiguió un novio y dejó de hablarme. Fue entonces cuando me acerqué mucho más a una amiga de la primaria, Jessica.
La amistad con Jessica fue muy especial, porque por primera vez sentía que realmente tenía un amigo de verdad. Me invitaba a su casa constantemente y yo me acostumbré a ello, yo sólo me sentaba a verla jugar videojuegos y comía las pequeñas cosas que tenía en su casa, porque al igual que yo, ella siempre estaba a dieta. Hablábamos de dietas, de ejercicio, del futuro, de gente del salón, de muchas cosas que a ambas nos interesamos. Esta amistad a la que tanto llegué a acostumbrarme acabó de una forma sumamente dolorosa.
Una tarde, después de pelear con mi madre ella me golpeó y yo subí a mi cuarto a llorar, busqué como loca el cúter que había escondido hacía ya varios meses y abrí tres cortadas profundas en mi rodilla izquierda. La rabia y la emoción del momento no me dejó calcular la fuerza con la que hice las cortadas. Escuchaba a mis padres discutiendo, mi padre defendiéndome, mi madre furiosa porque él estaba de mi lado. Noté que la sangre era mucha más de la normal, creí que había cortado algo importante y me asusté, no soportaba la ansiedad, estaba segura de que quería suicidarme, llamé a Jessica dispuesta a acabar con mi vida y decidí que ella sería la última persona con la que hablaría, le mostré las heridas. Nunca tendré tiempo en mi vida para acabar de arrepentirme de eso.
Ella me rogó que no lo hiciera y sus palabras me hicieron entrar en razón, comencé a calmarme y como siempre, me sentí estúpida por haber intentado suicidarme.
Días después, Jessica me dijo que su madre le había prohibido llevarse conmigo, porque le parecía peligrosa mi depresión, temía que pudiera contagiar a su hija. No te haces una idea de lo mucho que eso me lastimó.
El día que cumplí 15 años no hice fiesta, mis pocos pero geniales amigos me organizaron una fiesta sorpresa y yo pedí ir a Burger King, para romper mi eterna dieta. Llegó el verano y me sumí en un limbo que añoro todas las noches. Comencé a ignorar el futuro, el pasado, el presente, comencé a huir de mí misma, era feliz.

Retrocedamos a noviembre del 2015. Yo cursaba el último año de la secundaria y mi hermana llegaba al final del primer semestre de la preparatoria.
Yo no fui la única de la familia que tuvo problemas con su peso, ella comenzó con la bulimia a los 10 años y se acrecentó cuando entró a la secundaria, pero siempre lo supo ocultar, hasta que mi madre lo descubrió y se encargó de hacer que todo el mundo se enterara. Mi hermana era conocida en la preparatoria por ser muy hermosa, hasta que una persona chismosa expandió el rumor de que mi hermana era bulímica. No soportó el supuesto bullying y decidió salirse de la escuela. Llegó a la casa con la propuesta más salvaje que jamás pude imaginar: dejar definitivamente los estudios y dedicarse a ser estilista. Me horroricé y rogué que no se le dejara hacerlo, pero la dejaron y la apoyaron.
En un impulso por evitar que mi hermana terminara siendo una de las miles de personas sin estudios que viven en México propuse que recomenzara la preparatoria conmigo en el año siguiente. Es otra de esas decisiones de las que nunca dejo de arrepentirme.

En efecto, ella recomenzó la preparatoria conmigo este año.

Mucho antes de salir de la secundaria le pedí a mi madre que me dejara presentar para la Preparatoria 2 de la UADY, la escuela en la que todos los padres quieren que sus hijos estudien, todos menos mi madre. La gente que estudia en la UADY tiene muchas más posibilidades de conseguir un trabajo decente, pero al parecer a mi madre no le parece muy buena idea dejar que su hija sea alguien en la vida. No me dejó siquiera intentar presentar para entrar a la UADY, no me dejó ni siquiera terminar de planearlo.
Me inscribió en una escuela privada, a dos cuadras de mi casa, conocida por dedicarse a cobrar hasta por el aire que se respira.
Y así como comencé a estudiar la preparatoria en un lugar que odiaba, junto a mi hermana, que no me hacía ninguna gracia.



Entré en la depresión más profunda en la que he estado jamás. Pasé todo el verano encerrada en mi cuarto, salí de mi casa 5 veces durante todas las vacaciones, a comer. Dejé de esforzarme en sonreír, dejé de intentar hablar con la gente, me volví gruñona y mucho más fría de lo que de por sí ya era.

Y aquí estoy, viendo la muerte en todos lados, viviendo el infierno de tener a mi madre y a mi hermana a todas horas conmigo, enfermándome de tristeza, nostalgia y dolor. Trato de remontarme a momentos felices de mi vida y me encuentro con la terrible noticia de que soy la hija del dolor, mi vida nunca fue linda, no hay nada que recordar, todo lo que recuerdo me conduce irremediablemente a algún final doloroso y siento que nada de lo que haga o no haga podrá conducirme a algún lugar.
Estoy muriendo, me estoy matando, ¿algún día podré salir de aquí? Yo sé la respuesta.

No.

domingo, 17 de julio de 2016

Unica y diferente.

No tengo la menor idea de cuándo se puso tan de moda llamar de esa forma a las mujeres, pero definitivamente se trata de una moda bastante estúpida que espero que desaparezca con el tiempo.
Nunca en mi vida me he considerado "única y especial", pero de hecho lo soy, todos lo somos. Todos en este mundo somos iguales en ciertos aspectos y diferentes en otros. El simple hecho de ser humanos nos hace a todos iguales y si nos basáramos en nuestra humanidad podríamos afirmar que somos todos iguales. Pero todos, sin excepción poseemos características que nos hacen únicos y diferentes, el lugar exacto en el que vivimos, el lugar exacto en el que nacimos, nuestro historial académico, etc, son cosas que nos hacen totalmente diferentes al resto, así que en un sentido muy general TODOS somos diferentes.
Ahora ¿por qué se puso tan de moda llamar "únicas y diferentes" a cierta clase de mujeres? Y esa descripción no estaría nada mal de no ser porque se usa de forma despectiva, como si se tratara de un insulto (a pesar de que, como dije antes, todos somos de esa forma).
Aparentemente, según todas las personas que han hecho vídeos y publicaciones acerca de esto, las mujeres a quienes se les llama de esta forma poseen estas características:
- Tienen una cuenta en Tumbrl y en Instagram.
- Usan dos trenzas muy a lo Tumblr.
- Se dicen fans de cantantes como Lana del Rey, Melanie Martínez, Arctic Monkeys, etc.
- Tuvieron o están en una etapa de "veganismo"
- Tienen un tatuaje pequeño en alguna parte del cuerpo que no se ve demasiado.
- Usan gargantillas choker.
- Se autodeclaran únicas y diferentes (en ocasiones)
- Son fumadoras, o dicen serlo.
- En ocasiones también son drogadictas.
- Usan ropa muy reveladora.

Yo comprendo que a mucha gente (en especial a los hombres) les moleste esta clase de mujeres porque en ocasiones (muy aparte de su estilo) tienen una personalidad bastante repelente pero ¿es necesario hacer ese comentario a cada mujer que se encuentran por ahí? A mí me ha tocado que me llamen de esa forma por hacer cosas de lo más normales como leer, jugar alguno que otro juego de PC y tablet, escuchar jazz y música de la pos guerra, usar Tumblr y trenzarme el cabello al salir del baño para que no se me enrede. Son costumbres que tengo desde que soy muy pequeña y no planeo dejar de tenerlas porque un retrasado de internet considera que lo hago por moda (cuando el simple hecho de llamarme "única y diferente" es en realidad una moda).
Espero que esta moda tan retrasada se acabe muy pronto y si no lo hace, pues bueno, podría decir que al menos aporté mi opinión sobre ello y con eso me basta.

domingo, 10 de julio de 2016

El verano azul

El verano es azul, azul en todos los sentidos, siempre ha sido así y siempre así será.
Los veranos se hacen eternos, el tiempo se detiene y crea en la humanidad la cálida sensación de que la vida es infinita, vana, ardiente.
Siempre he creído que el verano es insoportable, porque saca de mí ese lado azul que nunca pedí tener. Como buena estudiante, mis veranos debieron ser tan rojos como mi juventud, pero por el contrario siempre han sido celestes, ya no azules ni blancos, sino de un color azul tan claro y fantasmal como el cielo. El verano es un fantasma, un fantasma pesado que se trepa sobre ti y te amodorra para que no puedas pensar en nada, al menos mis veranos siempre han sido así, mágicos y brillantes hasta dejarme ciega, tan sólo para que al final de mis anheladas vacaciones no vea más que vapor, rocío sereno durante mis madrugadas de lucha interior.
Atrapada dentro de cuatro paredes rosas, con poca luz y ahogándome en el calor sofocante de las tardes interminables hago de todo, pero nada posee utilidad alguna, el verano me expone en la inmensidad de sus coloridos cielos lo inútil que es y será todo en mi vida, pues sin importar lo que haga o quiera hacer acabaré todos los años levitando llena de cansancio hacia sus tristes valles.
La luz amarilla llena mi cuarto, todo hierve, mi cabello enmarañado y sin gracia no me trae más que trabajo extra, el desorden de mi habitación da la impresión de que hace mucho más calor, mis cortinas amarillas vuelven a esta ardiente puesta de sol un espectáculo de sombras de hojas danzantes. Vivo mis veranos en este almacén de recuerdos, dibujos, poemas, libros, proyectos, letras y más letras, trazos sucios y colores por montones. Despierto de mis mágicos sueños a un mundo que se ha detenido, mi día se reduce a atardeceres y lluvias de estrellas, un eterno e inútil intento de divisar la vía láctea que se rehúsa a mostrarse ante esta niña de ciudad.
Paso de la silla a la cama, recorriendo el camino de tan sólo dos pasos hacia esa cama que no podría figurar menos en esta ciudad de espíritu caliente y clima tropical en la que nací y de la que nunca he salido.
Las tardes juegan a ser indecisas, pues en cuestión de segundos pasan de mostrarse naranjas, amarillas y rosadas a blancas, grises y lilas. Las lloviznas de verano parecen de fantasía, uno se para frente a la ventana para mirar a las débiles y graciosas gotitas estrellándose contra la tierra caliente. Ah, cómo amo ese aroma a tierra mojada, siento como si limpiara mis pulmones que sólo conocen el olor de los libros viejos de mi madre y el aire acondicionado de mi salón de clases. El vapor calienta aún más las tardes que se niegan a marcharse, ay Geniy, esas tardes veraniegas son verdaderas niñas tercas, mucho más tercas que tú y yo.
Mirando una y otra vez los mismos vídeos de internet, la noche finalmente se acerca, mis ojos que no ven más que la pantalla luminosa de la tablet nunca se percatan de ello, al menos no hasta que noto la luz naranja de las farolas entrando por mi ventana. Entonces echo una rápida mirada a mi habitación, este muladar lleno de espejos y muebles llenos de libros, a pesar de amar esa oscuridad siempre termino prendiendo la luz, porque mi día comienza ahí, cuando la luz solar se ha rendido y a ha dado lugar al más hermoso de los cielos: el cielo nocturno.
Según mi tradición, es necesario subirme en la cama con tal de alcanzar la parte de la ventana que no tiene cristal con la intención de cazar estrellas vagabundas. Las farolas de luz naranja siempre han sido mi mayor problema, gracias a su existencia las tímidas estrellas nunca llegan a lucirse en el hermoso cielo nocturno, pero yo y mi terquedad no nos rendimos. La fresca brisa de media noche es mi favorita, después de un día entero respirando vapor y aire caliente, esa deliciosa brisa me ayuda a recordar por qué vale la pena esperar todo el año para gozar de las vacaciones.
Agosto es el mes de las estrellas, el padre de los más bellos cielos nocturnos, ese generoso padre que deja a sus pequeñas estrellas salir a divertirse. Las juguetonas perseidas corren alegres en ese azul eterno, azul verano, y dejan que las personas perdidas en el verano se diviertan con ellas, aún si nunca podría subir a correr junto con ellas.
Recuerdo claramente un sueño de mi infancia, un sueño en el que las estrellas fugaces llamaban a mi ventana y me invitaban a correr junto con ellas. Yo volaba y mi felicidad era tan infinita como mi universo, brillaba y reía junto con ellas, hasta que el sol anunciaba su lenta llegada y ellas, tan sonrientes como siempre, me llevaban de vuelta a mi cuarto y se iban para siempre, dejándome a mí llorando, pues solo hasta entonces había notado que se trataba de un sueño. Ya ves Geniy, yo suelo soñar mucho con las estrellas.
Siento que el verano es muy triste, porque siempre está llorando, es como una niña triste que no puede superar su dolor, durante las tardes sus lágrimas son de agua, durante las noches son de luz. La tristeza del verano se encuentra en lo feliz que uno es durante el tiempo que dura, yo soy feliz acompañada de mis estrellas, de mis lagrimas dulces, de mis libros, de mis canciones, de mis cielos azules, rojos, negros, grises y naranjas, de mis jugosas frutas, de la tierra mojada, de los rojos atardeceres, de la tristeza del verano.


¿Podremos ponernos de acuerdo? ¿Es el verano triste? ¿Es acaso muy feliz? A mí me gusta decir que es una tristeza alegre, justo como la vida, la vida entera es un verano azul, caliente y fantasmal.

domingo, 13 de marzo de 2016

¿Por qué tantas canciones de amor?

Llevo toda mi vida oyendo en la radio canciones que hablan de amor, el amor de cualquier manera, ya sea sobre una persona despechada o sobre una enamorada hasta la locura.
Nunca me gustaron ese tipo de canciones, cuando era más pequeña siempre preferí escuchar canciones más profundas, nunca sentí que las canciones de amor fueran profundas.
A este mundo le faltan muchas cosas, una de ellas es el amor. El amor parece no existir, en especial para mí, que nunca he sentido amor por los humanos.
¿Por qué entonces hay tantas canciones de amor? ¿dónde están las personas que se identifican con todas esas? sólo una persona que en realidad nunca ha amado podría identificarse con todas ellas. El mundo necesita amor, no canciones de sobre él.

Amor por ¿qué?

Aunque nunca he sentido amor por la gente, sin importar que tan cercanas sean a mí, sí lo he sentido por lo que me rodea. He amado con sinceridad poder cantar mientras miro la luna, he amado observar la caída de una estrella fugaz en una noche de febrero, he amado con toda mi alma mis horas de sueño. Pero las canciones de amor nunca van dirigidas a la luna, ni a las estrellas, ni al sueño, siempre son para otra persona.
Los humanos son tan entretenidos de observar, nacemos y crecemos solos, sin importar con quien nos juntemos o qué tan cerca estemos de alguien, siempre estaremos solos, en nuestra cabeza lo único que en verdad hace ruido son nuestros pensamientos, todo está en nuestra cabeza, y ahí adentro estamos completamente solos. Van por la vida solos, billones de nosotros por toda la Tierra, eligen a un humano que les guste y deciden que lo quieren para ellos, como un niño eligiendo su regalo de navidad en un supermercado, como una madre eligiendo las mejores verduras para el almuerzo.
Todo apunta a que alguna vez el amor era mejor, me cuentan los mayores sobre relaciones que duraron 80 años, sobre aquella pareja de ancianos que se amaban y nunca se les pasó por la cabeza separarse.
Pero ¿en dónde demonios está el amor? no tengo manera de comprobar que existe, porque yo no lo siento y la mente de los demás es totalmente inalcanzable, no los puedo comprender, aún si quiero hacerlo. Por el amor ocurrieron desgracias increíbles, y aún así es algo bueno, ¿dónde está lo comprensible de esto? El amor hacia otra persona siempre termina mal, no hay una manera sin dolor de acabar con el amor.
Todas aquellas personas que aseguran que el amor existe han sufrido por él, y aún así es lo suficientemente bueno como para que la mayor parte de las canciones traten sobre ello, no tiene sentido.
Existen problemas más grandes que el amor, hay más muerte que amor en el mundo, y sin embargo muchas más canciones sobre el amor que sobre muerte, ¿puede alguien explicarme? ¿por qué la gente sigue creyendo en el amor? ¿por qué siguen escribiendo canciones para ese sentimiento tan inútil?