lunes, 7 de noviembre de 2016

Me estoy derrumbando

Llevo ya casi 2 años destruyéndome a mí misma, pero ahora luce más real que nunca.

No recuerdo en dónde escuché que la gente que pasa mucho tiempo pensando en el suicidio tiene un problema mental, y es que a este nivel no tengo dudas acerca de estar completamente loca.
Necesito decir todo lo que me duele, todo lo que me está cortando por dentro, todo lo que parece estar a un segundo de borrarme del mapa.

Nací en el año 2001, cuando mi madre tenía 37 años y mi padre 40. Mi padre es camionero, mi madre no es ama de casa. Tengo una hermana mayor que yo, muy hermosa, pero muy estúpida.
Mi madre es la única de cuatro hermanos que tuvo hijos, porque todos mis tíos son homosexuales y mi madre los odia por eso y por muchas cosas más. Ella viene de una familia podrida, descendiente de mujeres con problemas mentales reales, trastornos obsesivos compulsivos, depresión, neurosis. Una familia donde la educación significaba martillarle los dedos a los niños, se trataba de mandar a tu hijo a dormir con los perros, de sacarlo de la escuela a los 9 años y ponerlo a trabajar de sirviente, estamos hablando de esa clase de problemas mentales. Mi abuela engañó a mi abuelo con un hombre a quien amaba muchísimo, mi abuelo engañó a mi abuela con una mujer mucho más joven que él. Se engañaron entre sí y mi madre siempre sufrió la fama que su madre tenía. El amante de mi abuela murió en casa de ella y dejó en ella un trauma que no estoy segura de que haya superado alguna vez en su vida. Ciertamente era una víbora, pero de esa hermosa y sádica mujer hoy no queda más que una pequeña anciana de piel muy pálida y ojos eternamente tristes.
Mi madre cuenta que de joven solía ser muy inteligente, exentaba todas las materias relacionadas con letras y ciencias sociales, con todo el trabajo de su extraña familia llegó a pertenecer a la clase alta, se sentía orgullosa de su llamativo cuerpo y de su ascendencia árabe. Ahora mismo me parece excesivamente triste. Con sus excelentes calificaciones no le fue difícil comenzar a estudiar derecho, pero por algún motivo que aun desconozco nunca terminó la carrera, y no pudo más que resignarse a vivir del sueldo de la persona con la que se casara.
Mi padre es un hombre de pueblo, que tuvo una infancia relativamente feliz. Es el mayor de los hombres de su familia, que alguna vez estuvo conformada por 12 personas. Su padre era un alcohólico que estropeaba a su madre cuando le era posible. Terminó la preparatoria técnica y comenzó a estudiar para ingeniero, pero la situación de su familia le obligó a asumir su papel de el hombre mayor de la familia mucho antes de lo que debería. Su padre, el alcohólico, nunca estaba en condiciones de llevar dinero a la casa, y en la familia habían niños aun muy pequeños que necesitaban de cuidado y por supuesto, dinero. Adiós a la ingeniería y hola al camión.
Con rabia brama mi madre durante sus ataques de loca que mi padre planeaba quedarse con su dinero -a pesar de que ella por sí misma no tenía un trabajo o dinero- que él la engañó haciéndole creer que tenía una casa y un camión propios, ella quería salir de casa de su madre, la loca a la que ya no podía soportar más, después de 36 años de vivir con ella y ser testigo de sus problemas mentales.
Se conocieron, después de 6 meses se casaron y al año tuvieron a mi hermosa hermana mayor. Fue la primera y fue muy amada, nació y vivió su primer año de vida en la bella y enorme casa de mi abuela, sin muchas carencias, pero en medio de insoportables conflictos.
Y entonces, después de un año de infierno en la casa gigante, nací yo, la inusual niña trigueña que no parecía haber sido muy planeada. No hubo mucho amor para mí al parecer, porque cuando cumplí un mes de vida mi abuela nos sacó a todos de su casa con una escoba.
Mi padre sí tenía una casa grande y antigua, herencia de su abuela. Era la casa donde vivía en ese entonces la enorme y alegre familia de mi padre. Mi madre odiaba demasiado la alegría y la actitud humilde de esa familia masiva. Dice constantemente que esta casa era un muladar, que había ropa, basura, comida y zapatos tirados por todos lados; los niños de la familia eran escandalosos e irrespetuosos; aún vivía mi abuelo paterno vicioso y a mí madre parecía asquearle sinceramente. Es cierto, teníamos un lugar para vivir, pero mi madre no hacía más que quejarse de lo asqueroso que le parecía el lugar, de la escasez, de las supuestas faltas de respeto que nunca sabré si fueron o no reales, porque si hay algo que sé de mi madre es que le encanta ofenderse con cualquier gesto o palabra que perciba en quienes le rodean. Al final, los cuatro nos mudamos a una pequeña casita rentada a la vuelta de la casa de mi padre, llena a reventar de pulgas, ciempiés y muchas otras alimañas.
Después de algún tiempo, mi madre se hartó de esa vida y exigió que la familia de mi padre se saliera de su casa para que nosotros pudiéramos habitarla. Ellos la odiaron, ella los odió.
Mis abuelos paternos murieron mucho antes de que yo tuviera consciencia de mi propia existencia, mi único tío materno se mudó con su pareja a la Ciudad de México a vivir en el lujo que le permitía su trabajo como contador público cuando yo era aún muy pequeña, y hasta hace dos meses, lo único que recordaba de él era su cara barbuda y su cabello negro, lo tenía pintado como un hombre de veinte años y enormes ojos cafés, hasta que volvió hace dos meses, habiendo cortado con su pareja, perdido su trabajo, vendido sus muebles y su casa en Acapulco. Mis tías son ambas lesbianas y yo nunca en mi vida me enteré de que ese era el motivo por el cual yo no tenía primos y tampoco los tendría, no conocía esa palabra, tampoco necesitaba conocerla en aquél entonces.                             
Como mi madre odia a toda la familia de mi padre, yo no conozco a la mayor parte de mis primos paternos, ni siquiera sé sus nombres, aunque sé que muchos son drogadictos. El último encuentro que tuve con uno de mis primos fue en la cena de año nuevo del 2015. Planeaba sentarme a cenar mientras veía los fuegos artificiales, pero mi hermana me obligó a usar tacones de 10 cm, cuando yo tengo problemas para caminar con los pequeños tacones de 5 cm de mis zapatos escolares. Al primer paso mi pie se dobló y me dejó pensando que me había roto el pie, pero como no era así nadie le dio mucha importancia al asunto, ni siquiera yo. Al llegar a la casa de los tíos con los que pasaría la navidad noté en seguida que mi primo estaba por lo menos drogado. No decía cosas muy coherentes, se le veía alegre, pero con una alegría enigmática, con una expresión que no soy capaz de describir. Sus pasos y sus movimientos eran torpes, olía a alcohol. Con mucho trabajo, gracias a mi pie torcido, me levanté de la mesa y salí a sentarme sobre el auto de mi padre, y el hombre vino conmigo. Se le veía delirante e insistía demasiado en cargarme para llevarme a algún lado. Tenía algo de miedo, y mi madre lo notó, mi padre también. A las doce de la noche se abrió la típica botella de champán, el cual mis tíos compraron sabor durazno, yo le di un traguito, y mi primo se tomó una buena parte. Se metió a su habitación y cuando salió lo hizo sin camisa, más errático que antes de entrar y con el pecho lleno de rasguños recientes. Fue en ese momento cuando exageré mucho el dolor de mi pie, comencé a decir de forma muy convincente que estaba segura de que estaba roto y mi madre entendió el mensaje, porque antes de la una estábamos de vuelta en casa, y fue entonces cuando juré que no volvería ni siquiera a intentar conocer a la familia de mi padre.
Ya que nunca conocí a mis primos paternos y no tenía siquiera esperanzas de tener primos maternos, las únicas personas con las que pude tratar fueron mi hermana, mi madre y mi padre.
Mi padre trabajaba desde las 4 AM hasta las 3 PM y de 5 PM a 10 PM, por lo tanto, en realidad sólo podía trata con mi madre y con mi madre. Creo que es necesario aclarar de nuevo que mi madre tiene depresión, ansiedad y neurosis.
Comencé a ir a la "escuela" a los dos años, porque mi madre odia a los niños y en realidad no me soportaba demasiado. Siempre se negó a conducir, y nunca sabré por qué, mi padre le compró una camioneta automática para facilitarle llevarnos a la escuela y hacer las compras, pero ella simplemente se negó a utilizarla, lo cual no fue impedimento para que gastara una vida gritándole a mi padre que era un desgraciado porque no la llevaba a comprar ni nos iba a buscar a la escuela. Cuando tuve suficiente edad para notar lo absurdo que era tener un auto automático y no usarlo para manejar 8 cuadras a la escuela no dudé en proponerle que lo manejara, porque no sólo nos facilitaría la vida a nosotras, sino a ella también. Siempre que le proponía aquello ella me gritaba que era una grosera y que no le daba la gana de hacerlo, que no lo haría sólo por nosotras.
En cualquier caso, como mi padre trabajaba todo el día no nos podía llevar a la escuela y como mi madre estaba loca y no quería usar el auto nunca pude aspirar a una escuela que se encontrara a más de un kilometro de casa, si no quería acabar con la espalda destrozada por la mochila. Sé que no debería quejarme de haber caminado a la escuela desde los 2 años, no me quejo precisamente de eso, me quejo más bien de que mi madre no quisiera hacer ni el más mínimo esfuerzo por hacernos la vida más sencilla a mi hermana y a mí.
Desde muy pequeña demostré mi talento en el dibujo y las letras, los maestros halagaban constantemente mi creatividad e "inteligencia", a todos parecía gustarles esos rasgos míos, excepto a mi madre, que se limitaba a una que otra felicitación cada año. Mi hermana por su lado fue un desastre en la escuela desde el kínder, y gracias a ella y a mi madre, acabé cursando el kínder y la primaria en 9 escuelas diferentes. A veces no pasaba más de 6 meses en una escuela, nunca pude hacer amigos, al menos no amigos duraderos, al día de hoy estoy segura que los cientos de personas que viven en mi memoria no tienen ni el mas pequeño recuerdo de mí.
Era buena en muchas cosas, aprendí a manejar bicicleta sin ayuda a los 5 años, me encantaba cantar, amaba dibujar, me gustaba leer, era una bomba de creatividad y siempre deseé aprender a tocar el piano y bailar ballet. Pero mi madre nunca me dejó tomar clases extraescolares de nada, fui a ballet con mi hermana durante dos meses cuando tenía 9 años y lo único que logré fue hacer un squash, era suficiente. Como mi hermana era una terrible estudiante mi madre optó por sacarnos a ambas de ballet y meternos a asesorías, porque por nada del mundo podría mi madre hacer el enorme esfuerzo de llevarme a mí a ballet y a mi hermana a asesorías, si se iba una, se iba la otra, eso estaba claro.
Y así fue como me obligaron a dejar de hacer algo que me gustaba, una vez más.
Fue a los 10 años cuando mi madre notó que yo era legítimamente espantosa, y no tuvo mucho problema en hacérmelo saber. Cada que se presentaba la ocasión me decía que estaba gorda y no me sabía vestir, atribuía mi apariencia desalineada a que era lesbiana. No sabía que significaba, tenía sólo 10 años.
A los 11 años comencé a tener plena consciencia de mi tristeza, comencé a sentirla, e entender que estaba en mí. Comencé mi diario, donde escribía llorando todo lo que me dolía.
Mi madre y mi hermana continuaron atormentándome con mi apariencia, por las mañanas mientras caminaba hacia la escuela, durante la cena, cuando me trataba de vestir para ir a misa los domingos. Desde los 9 años me volví notablemente más alta que mi hermana, y era evidente que no podíamos usar ambas la misma ropa, pero mi madre se empeñaba en que era yo la que no quería usar la ropa por puro mal gusto.
A los 11 años yo medía 1.52 y pesaba 56 kilos, estaba pasada de peso, pero no era obesa. Sin embargo, mi hermana me llamaba cerda y vaca, mi madre me decía que tenía una espalda inmensa y que me veía igualita a las hermanas de mi padre, esas que ella tanto detestaba.
Un día salió el tema de que no me sabía vestir bien, o no tan bien como mi hermana, así que mi madre, furiosa nos llevó a las dos a buscarme ropa en nuestro ropero. Había mucha ropa, es cierto, siempre hemos tenido mucha ropa, pero ninguna me quedaba a mí, porque había sido comprada por y para mi hermana. Sacó un pantalón que a simple vista se podía deducir que no me quedaba, me gritó que me lo probara y yo sólo lloraba mientras le decía "no me queda" y señalaba el enorme trecho que faltaba para que el pantalón cerrara. Tomó un cinturón y me pegó, por estar gorda.
Esa fue la gota que colmó el vaso. Muchas veces había pensado en ello, dejaría de comer, era lo obvio.
Y fue así como empecé a regalar mi desayuno en la escuela, a dejar la cena y a matarme a hacer cardio en el baño de mi casa. Comencé con las dietas peligrosas, no más de 300 kcal al día, me moría de hambre pero sonreía cuando veía mi estómago volviéndose más pequeño, me estaba convirtiendo en lo que mi madre quería, o eso creía. Entonces comenzaron a quedarme los pantalones que mi hermana compraba.
Ahora ya no era llamada "cerda", ahora era la "piernas de calavera", la "cara de chivo". En ese momento comprendí que sin importar lo que hiciera, yo sería para mi madre un artículo fallado. Mis calificaciones eran excelentes, nunca le pedía comida, ropa, zapatos o tecnología, pero era la peor hija del mundo.
Recuerdo cuando me obligaba a usar ropa que no me gustaba. Un día compró en un bazar un vestido azul con escote que me quedaba terriblemente mal y unos zapatos de tacón rojos que no me calzaban bien. Yo salí con un blusón y unos pantalones, ella se enfureció. Me obligó a ponerme el vestido y los tacones, no podía caminar ni un paso con ellos y no paraba de llorar. Decía que era una víbora porque no quería dejar que me peinara y maquillara, tenía 11 años, no me quería maquillar. Me peinaba con rabia y me dolía, cuando me quejaba me pegaba con el peine. Me embarró polvo en la cara, labial rosa en la boca  y me puso sobra en los ojos de mala gana. Me miré al espejo y me sentí tan horrible que comencé a llorar y a quitarme el maquillaje, lo cual resultó en más odio y acusaciones de ser malvada por su parte.
Pasó el tiempo y entré a la secundaria, sabiendo que era espantosa, que lo sería sin importar lo que hiciera, ya ni siquiera hacía el intento por vestirme bien.
En la secundaria conocí a Claudia, a quien consideré mi mejor amiga durante un año, hasta que a inicios del 2015 consiguió un novio y dejó de hablarme. Fue entonces cuando me acerqué mucho más a una amiga de la primaria, Jessica.
La amistad con Jessica fue muy especial, porque por primera vez sentía que realmente tenía un amigo de verdad. Me invitaba a su casa constantemente y yo me acostumbré a ello, yo sólo me sentaba a verla jugar videojuegos y comía las pequeñas cosas que tenía en su casa, porque al igual que yo, ella siempre estaba a dieta. Hablábamos de dietas, de ejercicio, del futuro, de gente del salón, de muchas cosas que a ambas nos interesamos. Esta amistad a la que tanto llegué a acostumbrarme acabó de una forma sumamente dolorosa.
Una tarde, después de pelear con mi madre ella me golpeó y yo subí a mi cuarto a llorar, busqué como loca el cúter que había escondido hacía ya varios meses y abrí tres cortadas profundas en mi rodilla izquierda. La rabia y la emoción del momento no me dejó calcular la fuerza con la que hice las cortadas. Escuchaba a mis padres discutiendo, mi padre defendiéndome, mi madre furiosa porque él estaba de mi lado. Noté que la sangre era mucha más de la normal, creí que había cortado algo importante y me asusté, no soportaba la ansiedad, estaba segura de que quería suicidarme, llamé a Jessica dispuesta a acabar con mi vida y decidí que ella sería la última persona con la que hablaría, le mostré las heridas. Nunca tendré tiempo en mi vida para acabar de arrepentirme de eso.
Ella me rogó que no lo hiciera y sus palabras me hicieron entrar en razón, comencé a calmarme y como siempre, me sentí estúpida por haber intentado suicidarme.
Días después, Jessica me dijo que su madre le había prohibido llevarse conmigo, porque le parecía peligrosa mi depresión, temía que pudiera contagiar a su hija. No te haces una idea de lo mucho que eso me lastimó.
El día que cumplí 15 años no hice fiesta, mis pocos pero geniales amigos me organizaron una fiesta sorpresa y yo pedí ir a Burger King, para romper mi eterna dieta. Llegó el verano y me sumí en un limbo que añoro todas las noches. Comencé a ignorar el futuro, el pasado, el presente, comencé a huir de mí misma, era feliz.

Retrocedamos a noviembre del 2015. Yo cursaba el último año de la secundaria y mi hermana llegaba al final del primer semestre de la preparatoria.
Yo no fui la única de la familia que tuvo problemas con su peso, ella comenzó con la bulimia a los 10 años y se acrecentó cuando entró a la secundaria, pero siempre lo supo ocultar, hasta que mi madre lo descubrió y se encargó de hacer que todo el mundo se enterara. Mi hermana era conocida en la preparatoria por ser muy hermosa, hasta que una persona chismosa expandió el rumor de que mi hermana era bulímica. No soportó el supuesto bullying y decidió salirse de la escuela. Llegó a la casa con la propuesta más salvaje que jamás pude imaginar: dejar definitivamente los estudios y dedicarse a ser estilista. Me horroricé y rogué que no se le dejara hacerlo, pero la dejaron y la apoyaron.
En un impulso por evitar que mi hermana terminara siendo una de las miles de personas sin estudios que viven en México propuse que recomenzara la preparatoria conmigo en el año siguiente. Es otra de esas decisiones de las que nunca dejo de arrepentirme.

En efecto, ella recomenzó la preparatoria conmigo este año.

Mucho antes de salir de la secundaria le pedí a mi madre que me dejara presentar para la Preparatoria 2 de la UADY, la escuela en la que todos los padres quieren que sus hijos estudien, todos menos mi madre. La gente que estudia en la UADY tiene muchas más posibilidades de conseguir un trabajo decente, pero al parecer a mi madre no le parece muy buena idea dejar que su hija sea alguien en la vida. No me dejó siquiera intentar presentar para entrar a la UADY, no me dejó ni siquiera terminar de planearlo.
Me inscribió en una escuela privada, a dos cuadras de mi casa, conocida por dedicarse a cobrar hasta por el aire que se respira.
Y así como comencé a estudiar la preparatoria en un lugar que odiaba, junto a mi hermana, que no me hacía ninguna gracia.



Entré en la depresión más profunda en la que he estado jamás. Pasé todo el verano encerrada en mi cuarto, salí de mi casa 5 veces durante todas las vacaciones, a comer. Dejé de esforzarme en sonreír, dejé de intentar hablar con la gente, me volví gruñona y mucho más fría de lo que de por sí ya era.

Y aquí estoy, viendo la muerte en todos lados, viviendo el infierno de tener a mi madre y a mi hermana a todas horas conmigo, enfermándome de tristeza, nostalgia y dolor. Trato de remontarme a momentos felices de mi vida y me encuentro con la terrible noticia de que soy la hija del dolor, mi vida nunca fue linda, no hay nada que recordar, todo lo que recuerdo me conduce irremediablemente a algún final doloroso y siento que nada de lo que haga o no haga podrá conducirme a algún lugar.
Estoy muriendo, me estoy matando, ¿algún día podré salir de aquí? Yo sé la respuesta.

No.

domingo, 17 de julio de 2016

Unica y diferente.

No tengo la menor idea de cuándo se puso tan de moda llamar de esa forma a las mujeres, pero definitivamente se trata de una moda bastante estúpida que espero que desaparezca con el tiempo.
Nunca en mi vida me he considerado "única y especial", pero de hecho lo soy, todos lo somos. Todos en este mundo somos iguales en ciertos aspectos y diferentes en otros. El simple hecho de ser humanos nos hace a todos iguales y si nos basáramos en nuestra humanidad podríamos afirmar que somos todos iguales. Pero todos, sin excepción poseemos características que nos hacen únicos y diferentes, el lugar exacto en el que vivimos, el lugar exacto en el que nacimos, nuestro historial académico, etc, son cosas que nos hacen totalmente diferentes al resto, así que en un sentido muy general TODOS somos diferentes.
Ahora ¿por qué se puso tan de moda llamar "únicas y diferentes" a cierta clase de mujeres? Y esa descripción no estaría nada mal de no ser porque se usa de forma despectiva, como si se tratara de un insulto (a pesar de que, como dije antes, todos somos de esa forma).
Aparentemente, según todas las personas que han hecho vídeos y publicaciones acerca de esto, las mujeres a quienes se les llama de esta forma poseen estas características:
- Tienen una cuenta en Tumbrl y en Instagram.
- Usan dos trenzas muy a lo Tumblr.
- Se dicen fans de cantantes como Lana del Rey, Melanie Martínez, Arctic Monkeys, etc.
- Tuvieron o están en una etapa de "veganismo"
- Tienen un tatuaje pequeño en alguna parte del cuerpo que no se ve demasiado.
- Usan gargantillas choker.
- Se autodeclaran únicas y diferentes (en ocasiones)
- Son fumadoras, o dicen serlo.
- En ocasiones también son drogadictas.
- Usan ropa muy reveladora.

Yo comprendo que a mucha gente (en especial a los hombres) les moleste esta clase de mujeres porque en ocasiones (muy aparte de su estilo) tienen una personalidad bastante repelente pero ¿es necesario hacer ese comentario a cada mujer que se encuentran por ahí? A mí me ha tocado que me llamen de esa forma por hacer cosas de lo más normales como leer, jugar alguno que otro juego de PC y tablet, escuchar jazz y música de la pos guerra, usar Tumblr y trenzarme el cabello al salir del baño para que no se me enrede. Son costumbres que tengo desde que soy muy pequeña y no planeo dejar de tenerlas porque un retrasado de internet considera que lo hago por moda (cuando el simple hecho de llamarme "única y diferente" es en realidad una moda).
Espero que esta moda tan retrasada se acabe muy pronto y si no lo hace, pues bueno, podría decir que al menos aporté mi opinión sobre ello y con eso me basta.

domingo, 10 de julio de 2016

El verano azul

El verano es azul, azul en todos los sentidos, siempre ha sido así y siempre así será.
Los veranos se hacen eternos, el tiempo se detiene y crea en la humanidad la cálida sensación de que la vida es infinita, vana, ardiente.
Siempre he creído que el verano es insoportable, porque saca de mí ese lado azul que nunca pedí tener. Como buena estudiante, mis veranos debieron ser tan rojos como mi juventud, pero por el contrario siempre han sido celestes, ya no azules ni blancos, sino de un color azul tan claro y fantasmal como el cielo. El verano es un fantasma, un fantasma pesado que se trepa sobre ti y te amodorra para que no puedas pensar en nada, al menos mis veranos siempre han sido así, mágicos y brillantes hasta dejarme ciega, tan sólo para que al final de mis anheladas vacaciones no vea más que vapor, rocío sereno durante mis madrugadas de lucha interior.
Atrapada dentro de cuatro paredes rosas, con poca luz y ahogándome en el calor sofocante de las tardes interminables hago de todo, pero nada posee utilidad alguna, el verano me expone en la inmensidad de sus coloridos cielos lo inútil que es y será todo en mi vida, pues sin importar lo que haga o quiera hacer acabaré todos los años levitando llena de cansancio hacia sus tristes valles.
La luz amarilla llena mi cuarto, todo hierve, mi cabello enmarañado y sin gracia no me trae más que trabajo extra, el desorden de mi habitación da la impresión de que hace mucho más calor, mis cortinas amarillas vuelven a esta ardiente puesta de sol un espectáculo de sombras de hojas danzantes. Vivo mis veranos en este almacén de recuerdos, dibujos, poemas, libros, proyectos, letras y más letras, trazos sucios y colores por montones. Despierto de mis mágicos sueños a un mundo que se ha detenido, mi día se reduce a atardeceres y lluvias de estrellas, un eterno e inútil intento de divisar la vía láctea que se rehúsa a mostrarse ante esta niña de ciudad.
Paso de la silla a la cama, recorriendo el camino de tan sólo dos pasos hacia esa cama que no podría figurar menos en esta ciudad de espíritu caliente y clima tropical en la que nací y de la que nunca he salido.
Las tardes juegan a ser indecisas, pues en cuestión de segundos pasan de mostrarse naranjas, amarillas y rosadas a blancas, grises y lilas. Las lloviznas de verano parecen de fantasía, uno se para frente a la ventana para mirar a las débiles y graciosas gotitas estrellándose contra la tierra caliente. Ah, cómo amo ese aroma a tierra mojada, siento como si limpiara mis pulmones que sólo conocen el olor de los libros viejos de mi madre y el aire acondicionado de mi salón de clases. El vapor calienta aún más las tardes que se niegan a marcharse, ay Geniy, esas tardes veraniegas son verdaderas niñas tercas, mucho más tercas que tú y yo.
Mirando una y otra vez los mismos vídeos de internet, la noche finalmente se acerca, mis ojos que no ven más que la pantalla luminosa de la tablet nunca se percatan de ello, al menos no hasta que noto la luz naranja de las farolas entrando por mi ventana. Entonces echo una rápida mirada a mi habitación, este muladar lleno de espejos y muebles llenos de libros, a pesar de amar esa oscuridad siempre termino prendiendo la luz, porque mi día comienza ahí, cuando la luz solar se ha rendido y a ha dado lugar al más hermoso de los cielos: el cielo nocturno.
Según mi tradición, es necesario subirme en la cama con tal de alcanzar la parte de la ventana que no tiene cristal con la intención de cazar estrellas vagabundas. Las farolas de luz naranja siempre han sido mi mayor problema, gracias a su existencia las tímidas estrellas nunca llegan a lucirse en el hermoso cielo nocturno, pero yo y mi terquedad no nos rendimos. La fresca brisa de media noche es mi favorita, después de un día entero respirando vapor y aire caliente, esa deliciosa brisa me ayuda a recordar por qué vale la pena esperar todo el año para gozar de las vacaciones.
Agosto es el mes de las estrellas, el padre de los más bellos cielos nocturnos, ese generoso padre que deja a sus pequeñas estrellas salir a divertirse. Las juguetonas perseidas corren alegres en ese azul eterno, azul verano, y dejan que las personas perdidas en el verano se diviertan con ellas, aún si nunca podría subir a correr junto con ellas.
Recuerdo claramente un sueño de mi infancia, un sueño en el que las estrellas fugaces llamaban a mi ventana y me invitaban a correr junto con ellas. Yo volaba y mi felicidad era tan infinita como mi universo, brillaba y reía junto con ellas, hasta que el sol anunciaba su lenta llegada y ellas, tan sonrientes como siempre, me llevaban de vuelta a mi cuarto y se iban para siempre, dejándome a mí llorando, pues solo hasta entonces había notado que se trataba de un sueño. Ya ves Geniy, yo suelo soñar mucho con las estrellas.
Siento que el verano es muy triste, porque siempre está llorando, es como una niña triste que no puede superar su dolor, durante las tardes sus lágrimas son de agua, durante las noches son de luz. La tristeza del verano se encuentra en lo feliz que uno es durante el tiempo que dura, yo soy feliz acompañada de mis estrellas, de mis lagrimas dulces, de mis libros, de mis canciones, de mis cielos azules, rojos, negros, grises y naranjas, de mis jugosas frutas, de la tierra mojada, de los rojos atardeceres, de la tristeza del verano.


¿Podremos ponernos de acuerdo? ¿Es el verano triste? ¿Es acaso muy feliz? A mí me gusta decir que es una tristeza alegre, justo como la vida, la vida entera es un verano azul, caliente y fantasmal.

domingo, 13 de marzo de 2016

¿Por qué tantas canciones de amor?

Llevo toda mi vida oyendo en la radio canciones que hablan de amor, el amor de cualquier manera, ya sea sobre una persona despechada o sobre una enamorada hasta la locura.
Nunca me gustaron ese tipo de canciones, cuando era más pequeña siempre preferí escuchar canciones más profundas, nunca sentí que las canciones de amor fueran profundas.
A este mundo le faltan muchas cosas, una de ellas es el amor. El amor parece no existir, en especial para mí, que nunca he sentido amor por los humanos.
¿Por qué entonces hay tantas canciones de amor? ¿dónde están las personas que se identifican con todas esas? sólo una persona que en realidad nunca ha amado podría identificarse con todas ellas. El mundo necesita amor, no canciones de sobre él.

Amor por ¿qué?

Aunque nunca he sentido amor por la gente, sin importar que tan cercanas sean a mí, sí lo he sentido por lo que me rodea. He amado con sinceridad poder cantar mientras miro la luna, he amado observar la caída de una estrella fugaz en una noche de febrero, he amado con toda mi alma mis horas de sueño. Pero las canciones de amor nunca van dirigidas a la luna, ni a las estrellas, ni al sueño, siempre son para otra persona.
Los humanos son tan entretenidos de observar, nacemos y crecemos solos, sin importar con quien nos juntemos o qué tan cerca estemos de alguien, siempre estaremos solos, en nuestra cabeza lo único que en verdad hace ruido son nuestros pensamientos, todo está en nuestra cabeza, y ahí adentro estamos completamente solos. Van por la vida solos, billones de nosotros por toda la Tierra, eligen a un humano que les guste y deciden que lo quieren para ellos, como un niño eligiendo su regalo de navidad en un supermercado, como una madre eligiendo las mejores verduras para el almuerzo.
Todo apunta a que alguna vez el amor era mejor, me cuentan los mayores sobre relaciones que duraron 80 años, sobre aquella pareja de ancianos que se amaban y nunca se les pasó por la cabeza separarse.
Pero ¿en dónde demonios está el amor? no tengo manera de comprobar que existe, porque yo no lo siento y la mente de los demás es totalmente inalcanzable, no los puedo comprender, aún si quiero hacerlo. Por el amor ocurrieron desgracias increíbles, y aún así es algo bueno, ¿dónde está lo comprensible de esto? El amor hacia otra persona siempre termina mal, no hay una manera sin dolor de acabar con el amor.
Todas aquellas personas que aseguran que el amor existe han sufrido por él, y aún así es lo suficientemente bueno como para que la mayor parte de las canciones traten sobre ello, no tiene sentido.
Existen problemas más grandes que el amor, hay más muerte que amor en el mundo, y sin embargo muchas más canciones sobre el amor que sobre muerte, ¿puede alguien explicarme? ¿por qué la gente sigue creyendo en el amor? ¿por qué siguen escribiendo canciones para ese sentimiento tan inútil?



domingo, 10 de enero de 2016

Los humanos: La plaga mas repugnante.

Hace por lo menos un año leí la historia de una chica japonesa llamada Junko Furuta. Junko era una chica normal, por lo que he entendido no le faltaba mucho para acabar la preparatoria y tenía muy buenas calificaciones. No tenía novio y parece ser que no estaba interesada en tenerlo. Por alguna razón, unos chicos de la mafia japonesa (yakuza) pusieron su mirada en ella, probablemente la peor suerte que pudo haberle tocado a Junko. Para ahorrarme la tortura mental de recordar lo que hicieron con ella tan solo diré que la secuestraron, la violaron, la torturaron, la quemaron, la asesinaron, la metieron en un barril lleno de cemento y para acabar la historia, sus captores fueron liberados.
En cuanto terminé de leer esta historia no creía que fuese real, mas que eso, no quería creer que lo fuese. Sin embargo, esta historia (si bien es probable que haya algo de exageración en ella) es en definitiva real, y aún cuando me gustaría que eso fuera lo peor, lo cierto es que no es así. Cosas como estas no son algo que haya quedado en el siglo pasado, y mucho menos algo que pase una vez cada cien años, estoy completamente segura de que ha pasado mucho mas que un par de veces, muy probablemente las historias que hay para contar son incluso peores que la de Junko, gente como los jóvenes yakuza hay sin duda por montones y, para colmo, es un hecho que estos casos se repetirán por mucho mucho tiempo, talvez para siempre.
Hay documentación de casos similares a los de Junko, se conocen miles de atrocidades cometidas por seres tan repugnantes como los secuestradores de Junko, todos estamos al tanto de que la tortura existe y se usa con mas frecuencia de lo que es sano especular. No puedo llegar a imaginar lo espantosa que fue la tortura de esta chica, así tampoco quiero imaginar cuán peor pudo haber sido.
De los secuestradores de esta chica ninguno tenía más de 17 años, piensa bien en esto, una persona con tan solo 17 años fue capaz de idear algunas las torturas mas espantosas de las que oído hablar en toda mi vida. Algunos dirán que la capacidad para maquinar atrocidades se debe en parte a la nacionalidad de los secuestradores, pero yo estoy segura de que no es así, gente de este tipo está repartida en el mundo entero y lo peor es que ni tu ni yo podemos hacer nada por cambiarlo.
Leyendo esta historia sentí un asco que nunca había sentido en mi vida, un asco muy diferente del que se siente al ver un animal muerto o un insecto. Es el asco hacia mi propia especie.
No importa hacia que dirección quiera mirar, no importa si pienso en el pasado, el presente o el futuro, no importa la parte del mundo en la que quiera fijarme, los humanos son los insectos mas asquerosos que hay en el mundo. Ningún animal, absolutamente ningún ser vivo es tan repugnante, tan ponzoñoso, tan invasor y tan destructor como un humano. ¿Qué puede haber peor que un ser que mata a otro de su propia especie? Probablemente me dirás que muchos animales también hacen esto pero ¿cuántos de ellos lo hacen conscientemente y por el simple gusto de observar su sufrimiento?. No importa la clase de insecto que quieras citar, no gastes tu tiempo en buscar un feroz y gigantesco reptil, te puedo asegurar sin ningún temor a equivocarme que los seres humanos son lo peor que le pudo pasar al mundo.
Nada mas triste que pensar que de hecho lo peor que podría pasarte a ti es precisamente caer en las manos de un ser humano, lo cierto es que ningún animal en este mundo podrá ser capaz de torturarte tanto como un humano puede hacerlo. Si mueres ahogado, quemado, envenenado o devorado por un fiera, tu martirio no será ni la cuarta parte de lo espantoso que sería si murieras a manos de un humano que desea divertirse contigo.
Esta historia no es nueva, lo sé, querer traer de vuelta a la memoria de la gente una historia tan espantosa como esta no es tan solo una idea que tuve para divertirme un poco, tan solo pienso que hacer a la gente darse cuenta de lo terrible que ellos mismos pueden llegar a ser no traerá tantos problemas como puede parecer. En realidad esta entrada no será nunca vista por la gente que debería verla, de ninguna manera acabará con la suciedad de la naturaleza humana e incluso mientras escribo esto las desgracias ocurren sin parar en todo el planeta, pero la simple idea de que estas letras puedan hacer que un humano sea menos asqueroso es suficiente para mí, de esta forma me doy por satisfecha.